UNA VISIÓN BOGOTANA DE LA PLANEACIÓN NACIONAL EN TIEMPOS DE POSTACUERDOS de Pedro Alexis Parra. Representante de los Sectores sociales del CTPD.

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En estos tiempos, en los que toda Colombia se enfoca en la discusión del Postconflicto, los ciudadanos, entes de participación ciudadana y en especial los organismos de planeación; tienen la responsabilidad de velar por que lo dispuestos en mencionados acuerdos se cumpla.

Como todos deberían saber, en los acuerdos se relaciona la participación como un pilar rector de la Paz, sin embargo, se evidencia como clases políticas, intentan día a día deslegitimar y limitar estos mecanismos y herramientas de participación ciudadana.

Un ejemplo de ello, son las consultas populares; en las que los ciudadanos se apropian de su territorio y definen la vocación de estos mismos, prefiriendo el acceso al agua, seguridad alimentaria y biodiversidad, en vez de la minería; pero así mismo, se evidencia como los ministerios constantemente demeritan dichas consultas y las catalogan como no vinculantes. Así como los diversos intentos que se han llevado a cabo para limitar las tutelas o la proclastinación que ha sufrido en Bogotá el proceso de revocatoria del actual y controvertido alcalde, Enrique Peñalosa.

Por otra parte, en los acuerdos se habla con gran protagonismo, sobre la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de los CTP’s; por ello, es necesario impulsar que los consejos de planeación dejen de ser únicamente consultivos y sean una verdadera fuerza decisiva al momento de definir el futuro del territorio Colombiano, enfocando sus esfuerzos en el progreso y bienestar generalizado para toda la población colombiana y lo más importante, siendo sostenibles con el medio ambiente.

En Bogotá, según el informe de Bogotá como Vamos, en el último año y después de venir en un comportamiento ascendente, se ha reducido la tasa de reciclaje de un 15,3% a tan solo un 3%, acompañado con la propuesta de aumentar en un 80 a 96% la tarifa de Aseo y alargar la vida útil del relleno sanitario 20 años más.

En pleno 2017, es irracional que en Colombia, se mantengan discusiones como ampliar el relleno sanitario o construir más botaderos a cielo abierto y rellenos, pues en vez de pensar en enterrar los residuos sólidos, el país debe pensar en generar economías en torno al reciclaje y aprovechamiento de mencionados residuos. Cerca del 50% de lo que enterramos a diario es reciclable y los residuos orgánicos, también son aprovechables, pues en su proceso de descomposición, además de generar abono orgánico con las mejores características, que reducirían los costos para la producción agrícola, también generan gas metano o CH4, más conocido normalmente como Gas Natural. Una fuente constante de energía que puede servir para los hogares, vehículos y porque no, generación de energía eléctrica en plantas termoeléctricas, evitando seguir inundando los valles y represando los ríos para generar hidroeléctricas, con todos los impactos ambientales negativos que estas generan.

También, se hace necesario ordenar el territorio en torno al agua, a la estructura ecológica principal, la conectividad ecológica y la protección total a los ecosistemas claves, tales como Humedales, Páramos, Mangles y Bosques entre otros; por lo que urge la defensa de la Reserva Thomas Van der Hammen, Cerro Seco, los cerros orientales y los distintos humedales que se encuentran en riesgo por los procesos de expansión urbana que pretenden realizar en la ciudad.

Situaciones realmente alarmantes, en un momento en el que conforme al último estudio realizado por la Universidad Javeriana y Conservación Internacional con el respaldo del Instituto Humboldt, más de 46% de los ecosistemas en Colombia se encuentran en riesgo.

Otro tema importante, es que replanteemos, cual es el tipo de inversiones que queremos que se haga con el patrimonio público.

En todo el país desde la entrada del neoliberalismo, ha sido constante la enajenación de las acciones que tiene el Estado y los organismos territoriales en las empresas públicas como Telecom, ISA, ISAGEN y el actual intento de venta en Bogotá de la ETB y acciones de TGI y la EEB, entre muchas otras.

Siempre que se realiza la venta de alguna de estas empresas, se justifica mencionada decisión en una supuesta inversión social y lo que vemos en los indicadores de gestión, es que en efecto se ejecuta todo o casi todo el presupuesto. Pero no se identifica el impacto de dicho gasto en la satisfacción de las necesidades de la población y la mejora en su calidad y nivel de vida, lo que en muchos casos ha permitido generar gastos innecesarios y presuntos casos de corrupción.

Pero más allá de eso, es importante que entendamos que esas empresas que posee el Estado, son empresas que generan utilidades  y que mencionadas utilidades se traducen en ingresos fijos que recibe la nación, en otras palabras, son fuentes de financiación permanentes de las políticas, gastos e inversiones sociales del país.

Por ello, al vender estas empresas, se pierden esos ingresos fijos, generando un déficit fiscal en el presupuesto público, lo que obliga a los gobernantes a implementar medidas como el incremento de impuestos o reformas tributarias para cubrir ese detrimento patrimonial.

Ahora, ¿Qué pasaría si se hiciera lo contrario?, imaginen un país en el que en vez de vender las empresas, El Estado invirtiera en las ideas de negocio de su ciudadanía, claro, una vez dichas ideas hayan pasado por un exhaustivo estudio de prefactibilidad, factibilidad y mercadeo en los que se compruebe que pueden generar grandes utilidades.

Si!, muy seguramente estarán pensando en que ya existen proyectos como estos, por ejemplo el capital semilla que otorga el SENA, pero es necesario recordar que este es un préstamo y en algunos casos subsidio con un capital limitado.

La idea sería entonces, un capital más amplio, para negocios mucho más ambiciosos y que no sea ni préstamo, ni subsidio, sino en todo el significado de la palabra una inversión; es decir, que el Estado a cambio de su inversión en Capital, acceda a un porcentaje accionario en el negocio que se está gestando. Lo que se traduciría en más utilidades generando incremento en los Ingresos de la nación, apoyo a la industria nacional, emprendimiento, nuevas empresas, reactivación de la producción nacional, generación de empleo, reducción de la pobreza e inseguridad y estabilidad en materia tributaria. Entre otras.

La conversación puede extenderse a muchos más campos, como por ejemplo, el cambio del enfoque en el sistema educativo; no podemos seguirnos contrariando, impulsando un modelo de educación en el que se promueve constantemente la competitividad, sin fortalecer el cooperativismo y la colaboración mutua para alcanzar las metas propuestas y después quejarnos del extremo egoísmo y reducida capacidad de trabajo en equipo que tenemos los colombianos.

En todo caso, es imperativo que se comience a pensar en la resolución de los problemas desde su base y no seguir aplicando soluciones, que solamente se convierten en mayores problemas.

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