AGENDA CIUDADANA PARA EL ORDENAMIENTO TERRITORIAL Por una ciudad incluyente, sustentable y justa

La Agenda Ciudadana para el ordenamiento territorial de Bogotá y la Región, es un documento político para la acción, en el cual el Consejo Territorial de Planeación Distrital condensa la visión de futuro (2030) para la ciudad – región y las propuestas debatidas y compartidas por las ciudadanías, académicos, representante políticos y sociales, que participaron en la Ruta POT x Bogotá, durante los meses de septiembre a noviembre de 2018.

El Consejo Territorial de Planeación Distrital – CTPD, máxima instancia de participación para la planeación, donde converge la más amplia y diversa representación de la sociedad civil de Bogotá, es un actor clave que juega un papel determinante en relación con los temas estratégicos del ordenamiento territorial y su conexión con la región. Por tanto, bajo la consideración que el Plan de Ordenamiento Territorial es ante todo un acuerdo ciudadano tendiente a democratizar las relaciones, económicas, sociales culturales y de poder de la ciudad, el CTPD debe actuar en consecuencia y realizar las acciones necesarias para que dicho acuerdo sea posible.

En este momento en que la Administración Distrital presenta la propuesta de la “Revisión general del POT” que regirá el futuro de Bogotá, consideramos de vital importancia seguir fortaleciendo el debate público con la participación de toda la ciudadanía, en donde se reconozca la multiplicidad y diversidad de actores que configuran la dinámica vital de la ciudad, en donde la administración distrital es un actor importante, pero también lo son las y los empresarios, los diferentes grupos poblacionales, agremiaciones, organizaciones, académicos y todo el sistema distrital de participación, así como los procesos territoriales anclados en los conflictos del ordenamiento territorial de la ciudad.

Fuimos construyendo la Agenda como una hoja de ruta, que emprendió el camino a través de cuatro estaciones y mesas técnicas donde se fueron recopilando los aportes de expertos y expertas de la ciudadanía en cada uno de los temas abordados. Las estaciones fueron recorridas entre septiembre y noviembre de este año con una participación total de 437 personas para las conferencias, y de 150 personas para las mesas técnicas, algunos de estos ciudadanos y ciudadanas estuvieron durante todo el recorrido que hizo la ruta en los siguientes temas:

  • Estructura funcional y de servicios, con la pregunta: – ¿Hacia dónde y cómo estamos creciendo
  • Estructura Ecológica Principal – Ciudad y ambiente, con la pregunta: – ¿La EEP de Bogotá debe ser la base para ordenar el territorio en el marco de la revisión general del POT?
  • Estructura socio-económica y de servicios, con la pregunta: – Primacía económica en el Ordenamiento Territorial – ¿Vamos hacia una primacía urbana de Bogotá fundada en la productividad industrial o de servicios?
  • Bordes, ruralidad y región, con la pregunta: – ¿De qué manera y cómo se está integrando Bogotá con la región?

Con el acto público de socialización de la Agenda, el CTPD culmina uno de los ejercicios más importantes de reflexión ciudadana sobre el ordenamiento territorial. Es el momento de abrazar la propuesta como la construcción colectiva que es y asumir, dentro y fuera del Consejo la responsabilidad de darle curso a la concreción de los debates e iniciativas contenidas en esta agenda.

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VISIÓN 2030 DEL CTPD PARA EL CONCEPTO DE ORDENAMIENTO TERRITORIAL

En 2030, el agua es el eje articulador en el ordenamiento del territorio desde una perspectiva de ciudad región, en equilibrio entre lo urbano, lo rural y lo regional. Los derechos individuales y colectivos están garantizados con inclusión, identidad, equidad, justicia social y con el reconocimiento de sus territorialidades. Fortalece lo público, ha desarrollado mecanismos institucionales, espacios educativos, de encuentro y participación incidente y decisoria. Protege, preserva y conserva todas las formas de vida, el patrimonio ambiental y cultural. Construye identidad, sentido de pertenencia y propende por la paz, la sustentabilidad y sostenibilidad económica, social y ambiental, la adaptación al cambio climático y la utilización de energías renovables. Basado en la planeación integral, la promoción de la producción, del conocimiento, de la innovación y la investigación en un contexto global (CTPD, 2018)

La primera estación de la Ruta POT x Bogotá, cuya pregunta central fue

¿hacia dónde y cómo estamos creciendo?

Las respuestas a las preguntas por el crecimiento de la ciudad, sus cantidades, contenidos y formas, son determinantes para definir el futuro de los millones de pobladoras y pobladores que habitan la ciudad y la región. La distribución de la población en el espacio físico y las formas en que esta distribución garantiza condiciones de vida justas así como una relación ética, contextualizada y sustentable con la naturaleza, en medio de procesos productivos garantes, tanto de la justicia social como de la sustentabilidad, configuran hoy en día los derroteros del ordenamiento territorial.

Uno de los temas más controvertidos en el marco de la actual revisión del Plan es: la supuesta necesidad de crecimiento urbano, más exactamente de grandes proyectos urbanísticos de expansión, en función de supuestos de crecimiento poblacional que han sido desmentidos con rigurosidad por parte de expertos, entre ellos, el consejero Carlos Roberto Pombo, miembro de la Comisión POT del CTPD y ponente del panel central de la estación.

Estrechamente ligados al modelo de ciudad, conflictos como los asociados a la afectación de zonas de reserva del borde nororiental, la multiplicación de proyectos de vivienda formal e informal en los que se sigue privilegiando al sector inmobiliario y no a los resignados residentes, ciudadanas y ciudadanos sin ciudad, así como las crecientes dificultades de la movilidad urbana, constituyen un conjunto interconectado de problemas derivados del movimiento inercial hacia la expansión urbana.

En este contexto, aunque la administración insiste en defender un modelo compacto – densificado de ciudad, es un fenómeno inverso el que se ha puesto en evidencia, a través de los proyectos urbanos de las ciudadelas, al norte: Lagos de Torca, al sur: Lagos del Tunjuelo y al occidente: ciudad Río. La proyección de más de un millón quinientas mil viviendas, se soporta en errores estadísticos que no tienen en cuenta las variaciones en las tasas de natalidad, mortalidad y en general la entrada prematura de Bogotá en la tercera transición demográfica.

La administración insiste en defender un modelo densificado hacía el cual no avanzamos; como un sofisma, el ideal sin realidad de la densificación, esconde y niega la realidad de una ciudad extensa y densa que se ha desplegado informal y violentamente sobre los municipios vecinos.

El crecimiento en áreas de expansión hacia el occidente y el sur de la ciudad – región, profundizan un modelo segregado en el que las poblaciones de más bajos recursos no encuentran otra opción que la de vivir en los bordes o la expulsión de zonas en las que los costos del suelo, los servicios públicos y la movilidad se convierten en limitaciones antes que en soluciones o medios para la vida.

El derecho a la ciudad sigue siendo una reivindicación para los millones de pobres a quienes la administración les niega toda garantía de vida digna. No obstante, los costos de urbanización para la implantación de los proyectos urbanos en las áreas de actuación urbanística, los debe seguir asumiendo la ciudad y no los urbanizadores, por tanto las decisiones sobre el ordenamiento son decisiones que nos competen a todos.

De otra parte, la expansión avanza sobre zonas de riesgo que ya han sido identificadas, pero que la administración insiste en pasar por alto. La nueva zonificación de amenazas en el proyecto de la revisión general del POT aumenta la segregación socioeconómica, no solo de los estratos uno y dos, sino que involucra a los estratos tres y cuatro. Las obras de mitigación sobre las que se sustenta la nueva mitigación de amenazas están incompletas, no cuentan con las pólizas que garanticen su seguridad a futuro. Por tanto, es una zonificación que no corresponde con la realidad de la ciudad, lo que genera una falsa seguridad y el aumento de la vulnerabilidad de Bogotá.

Segunda estación, Estructura Ecológica Principal – Ciudad y ambiente- ¿La EEP de Bogotá debe ser la base para ordenar el territorio en el marco de la revisión general del POT?

Se reconoce la Estructura Ecológica Principal como eje rector del ordenamiento territorial, a través de una visión sistémica del territorio, que articule todos los valores ambientales de manera que trabajen conjuntamente, y a partir de esta concepción, se de la planificación urbana, respetando y preservando estos espacios, la estructura ecológica principal no es algo aislado de una lógica de sostenibilidad territorial más integral. No es solo una red de corredores, sino que es una red de espacios que tiene dos tipos de elementos: nodos (áreas centrales) y uno corredores (áreas de conectores), así pues reducir está a una red de corredores resulta simplista y deja por fuera del ordenamiento del territorio muchos elementos.

Las afectaciones a las que el modelo de ocupación ha sometido a la Estructura Ecológica Principal, son profundizadas por la propuesta de la actual revisión general de POT, en los siguientes aspectos:

1. El crecimiento urbanístico de la ciudad, relacionado con la generación de áreas de desarrollo, es contrario a los intereses de protección de la estructura ecológica de la ciudad, sobre ella se proyecta la ocupación intensiva en favor de los intereses de los sectores urbanístico e inmobiliario, veamos algunos casos:

  • Caso emblemático hoy, la Reserva Thomas van der Hammen, en donde la administración distrital proyecta sustraer áreas protegidas para vías y construir vivienda, cambiando el uso del suelo de rural a urbano, configurando un verdadero volteo de tierras, que solo beneficia la especulación inmobiliaria.
  • Ciudad río, en donde ordena el crecimiento del borde occidental de la Ciudad, contraria a la protección de su ronda. Esta debería ser de un área máxima de 300 metros en una zona de Parque de Protección por Riesgos, como estaba definido en la Modificación Excepcional del POT realizada en 2013.
  • Ciudad Lagos de Tunjuelo entre las localidades de Ciudad Bolívar, Tunjuelito y Usme para vivienda de interés social, en donde está proyectado disponer de los residuos de construcción y demolición – RCD – acentuando de esta forma la segregación de la ciudad, congregando en la zonas periféricas más población en condición de pobreza, hecho del todo contrario a la mezcla de estratos y a la integración territorial.
  • Ciudad Usme, presionando nuevamente la expansión del territorio sobre áreas rurales y algunas con categoría de protección. En vez de fortalecer la forma de vida campesina.

2. Relleno sanitario Doña Juana. Existen interrogantes en torno a su ampliación y sobre qué espacio se realizaría, si sobre las veredas y sus pobladores o si existen otras opciones. ¿Se va a expandir sobre el suelo rural un relleno, en vez de construir otras opciones de tratamiento de residuos sólidos en la ciudad? ¿Cómo no generar basura, sino lograr un manejo completo desde las fuentes generadoras, para quitarle presión al actual botadero de basuras?

3. No ha logrado resolver ordenar el territorio en torno al agua, a partir del reconocimiento del valor que tiene la protección de las rondas hídricas, de los nacimientos, quebradas y ríos que deberían conservar una ronda de treinta (30) metros y del reconocimiento del valor patrimonial e histórico del río Bogotá.

4. El Distrito insiste en cambiar el valor ecosistémico de los humedales para hacer ciclorutas, alamedas, endureciendo áreas destinadas a la conservación y transformarlo en espacio público, siendo este un lugar para la investigación y la pedagogía y no para la recreación activa.

5. No ha logrado proteger los cerros orientales. Es necesario recordar que estos cerros corresponden a la categoría de reserva forestal que tiene un plan de manejo de la CAR, las acciones del Distrito y las decisiones de ordenamiento territorial deben incluir esta determinante de superior jerarquía en el POT.

La Sentencia de los Cerros Orientales buscaba, a través de la realización de una cartografía de referencia, definir la zona de reserva y el límite urbano, para establecer zonas con necesidad de reasentamiento y prohibir la expedición de nuevas licencias de construcción en áreas protegidas. Sin embargo, durante la realización de la cartografía, se hizo una sustracción de 560 Ha de suelo, sobre la cual el Distrito busca realizar parques de carácter recreativo, que soporten nuevas ocupaciones de vivienda de lujo.

6. No ha logrado detener la explotación minera en las áreas urbanas, las zonas afectadas por procesos de minería deben quedar automáticamente catalogadas como zonas de protección por alto riesgo y no son urbanizables. Sin embargo, se ha cambiado el nivel de riesgo en estos suelos para poder desarrollar proyectos urbanísticos, como es el caso del proyecto Lagos de Tunjuelo, porque implica un riesgo latente para los futuros habitantes. Se debe hacer énfasis en la restauración ecológica y no en el desarrollo urbano.

7. No ha logrado convivir con los árboles, la administración de forma recurrente tala los recursos forestales de la ciudad como el caso del parque el Virrey, la 116 y otros, en donde ha quedado la evidencia que no tiene la más mínima intención de protegerlos, tampoco cuenta con la ciudadanía para tomar este tipo de decisiones, pues actúa en altas horas de la madrugada de manera sigilosa aprovechando el sueño de la población que gobierna.

8. De igual forma la ciudad no logra resolver los temas de contaminación tanto del agua, porque no avanza con programas de saneamiento básico desde el nacimiento, curso y desembocadura de los ríos, como del aire en donde aumenta las partículas contaminantes por millón, sin tomar medidas serias en relación con una movilidad no generadora de gases de efecto invernadero y por contrario prioriza tecnologías obsoletas que han sido desechadas en países desarrollados como el Euro IV.

Por último, el documento de revisión general del POT deja en evidencia que el centro de sus preocupaciones es el tema económico, inspirado en una mirada ecoeficiente y competitiva, invirtiendo y desnaturalizando los valores, los conceptos a favor de los intereses ambientales y colectivos para ponerlos al servicio de la ciudad de proyectos que mueve la circulación de grandes intereses multinacionales y financieros, lejos de los beneficios de las mayorías.

Tercera Estación de la Ruta POT, Estructura socio-económica y de servicios – Primacía económica en el Ordenamiento Territorial – ¿Vamos hacia una primacía urbana de Bogotá fundada en la productividad industrial o de servicios?

La Estructura Socioeconómica y espacial de la ciudad constituida por el centro y la red de centralidades que concentran actividades económicas y de servicios, debe garantizar el equilibrio urbano y rural, la cohesión social, la integración de la ciudad a diferentes escalas en el marco de sus relaciones funcionales en los ámbitos regional, nacional e internacional.

Existe una primacía económica de Bogotá que incide en los precios del suelo, la ciudad no puede seguir avanzando y desbordando sus límites administrativos, generando más conurbación con sus municipios vecinos y cambiando el uso del suelo de rural a urbano, el reto es cómo enfrentar los impactos generados por la primacía urbana, como son la especulación inmobiliaria y de la tierra por parte de promotores, constructores y financiadores, legales e ilegales, y el mercado de la vivienda informal e ilegal promovida por “piratas” y “tierreros”.

Se debe cerrar la frontera agrícola sin que quede en manos de la especulación inmobiliaria, reconociendo que el mayor valor de la ruralidad de Bogotá es la conservación. La productividad en términos de alimentación de Bogotá hay que pensarla con la región, no solo en Bogotá.

Se necesita una ciudad productiva, pero vinculante con empleo y condiciones de vida digna para sus habitantes, que de paso a alternativas de solución a los conflictos de uso del suelo -en el comercio, los servicios, la industria, la vivienda, incluso los institucionales-, se debe facilitar la mezcla de usos del suelo en el ordenamiento territorial de Bogotá, en donde convivan comerciantes formales e informales, pequeños industriales y microempresarios, con actividades de bajo impacto, de utilidad o complementarios al uso residencial, debido a que los PYMES y microempresas representan el 99% de las empresas de Bogotá, según la Cámara de Comercio de Bogotá.

La política de recuperación del espacio público no puede ejecutarse en perjuicio de los intereses fundamentales de los trabajadores informales, sin antes ofrecerles un programa de alternativas económicas viables y adecuadas. Teniendo en cuenta la realidad de la informalidad laboral que fluctúa entre un 46 y un 50% y que para las mujeres se aproxima al 60%.

La ciudad que necesitan los estratos más bajos y surgidas informalmente, no es una ciudad que lleve lo macro a lo micro sino que brinde las opciones para equilibrar sus necesidades y prioridades, acorde con sus lógicas de construcción de ciudad. Allí, no son viables los proyectos de vivienda de interés social por sus espacios reducidos de viviendas de 36 metros cuadrado en obra gris, que les imposibilita las dinámicas productivas de subsistencia.

En la perspectiva de una ciudad capital en un futuro próximo con una mayor y mejor articulación con la región y unas mayores capacidades de gestión internas se propone que el POT, para no depender absolutamente de la voluntad política de los alcaldes de turno y sus Planes de Desarrollo, pueda tener unos recursos propios que le permitan persistir en la gestión de proyectos ante todo los implementados mediante instrumentos y escalas de mediano y largo plazo. Al interior de Bogotá esta función técnica se le puede entregar a las localidades y sus Alcaldías Locales que cuentan con recursos financieros y la cercanía a la ciudadanía.

Cuarta estación: Bordes, ruralidad y región – ¿De qué manera y cómo estamos creciendo?

Bogotá y la región son el motor económico y de competitividad de Colombia, concentrando la mayor parte de empresas, y la mayor densidad de viviendas por hectárea del país. En la región, Bogotá es el núcleo que concentra la densidad poblacional, conformándose como una ciudad altamente densificada, que no compacta. Esta característica influye en ámbitos como el económico, social y ambiental, que se reflejan en las apuestas del POT por una región sostenible.

La región hídrica de Bogotá es aquella de la cual depende para atender sus necesidades de agua y también de disposición de sus desechos. La ciudad, como cualquier otra actividad humana tiene un ciclo de vida; depende de la región, en lo que respecta a aprovisionamiento de agua, energía y alimentos.

La región, a su vez, depende de la ciudad en materia de productos, servicios, empleo, entre otros. De esta manera, la ciudad y la región no pueden funcionar de manera independiente; siempre están funcionando de forma integrada, y por lo tanto requieren de un plan común.

Esta administración en términos de integración regional, presenta que la ciudad de Bogotá, busca integrarse y acoplarse con la región, por medio de una absorción, un sometimiento o una relación no equitativa y lineal. Contrario a otras apuestas planteadas, en donde predomina la conformación de región en torno a los temas estratégicos.

Existen dificultades para planificar el territorio con un enfoque supramunicipal, regional, integral, que permita la implementación de Proyectos Regionales Estratégicos, que facilite la articulación urbano rural, la cohesión entre municipios y la potencialización de sus recursos y fortalezas. Esto se traduce en la desarticulación entre las visiones de los planes de ordenamiento y planes de desarrollo; el suelo productivo convertido en suelo inmobiliario; la promoción de la inversión extranjera afectando los usos del suelo y la sostenibilidad ambiental; el mercado inmobiliario que ocupa el suelo de todos; la contaminación del aire, el agua, el agotamiento de los recursos naturales, entre otros.

El Distrito, ve a los afluentes hídricos como un tema turístico y/o paisajístico de los temas urbanos, contrario a reconocer el agua como un bien común, que debe proteger y controlar la expansión y construcción desmesurada, la industrialización descuidada y los procesos de extracción y destrucción del territorio.

  1. En términos económicos, Bogotá se vuelve un único núcleo, que no le da importancia a la región productora, ni valora las dinámicas productivas agrológicas que le garantiza su seguridad alimentaria. Tampoco regula las dinámicas industriales, lo que implica replantear los temas alrededor del suelo y el territorio, buscando que estos procesos se articulen con el cuidado ambiental y los procesos económicos de los diferentes municipios.
  2. Generar una sobre oferta en Bogotá no va a detener la dinámica de ocupación en la Sabana; por el contrario, lo que genera es mayor especulación con el precio del suelo.
  3. El Distrito desconoce y anula todo tipo de identidad propia municipal o regional, lo cual es contrario a lo que dicen los demás actores, quienes estos buscan que la identidad y el arraigo, en el que las diversas comunidades y municipios, no sólo conservan, sino que fortalecen sus apuestas culturales, sociales, productivas y naturales, generando equidad y linealidad.
  4. Se debe estudiar el área metropolitana como opción para Bogotá y su área de influencia: Con el fin de garantizar la ejecución de planes y programas de desarrollo integral y la prestación oportuna y eficiente de los servicios a su cargo, dentro de las condiciones que fijen la Constitución y la ley, el Distrito Capital podrá conformar un área metropolitana con los municipios circunvecinos y una región con otras entidades territoriales de carácter departamental.
  5. Es un falso dilema el pensar que se debe elegir entre expansión o densificación. Hay que superar esa visión dicotómica, se debe buscar una propuesta que le apueste a ambos planteamientos de manera responsable.
  6. La tarea del POT es planificar el territorio a 2030, ¿por qué se está proyectando a 2050?, ¿cuál es la necesidad de generar expectativa frente a la habilitación de suelo urbanizable?
  7. El suelo rural y las áreas de valor ambiental no deben sacrificarse para favorecer expectativas del mercado.

El nuevo POT no puede perder la visión de proyectarse hacia la integración a escala nacional, regional y urbana, y en tal sentido cabe preguntarle a la Nación y al departamento cómo se imagina el ordenamiento del territorio en el futuro próximo de Bogotá, a doce años, cuando hoy se están formulando los POT Departamentales y Cundinamarca no lo tiene.

El llamado es a concertar acciones, aunar esfuerzos para defender el derecho a la participación y garantizar que el futuro de nuestros territorios, sea definido por la ciudadanía, lo cual implica movilización, acciones jurídicas y políticas.

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